Las acequias de Sierra Nevada: guardianas del agua y la vida en La Alpujarra
En el corazón de La Alpujarra, las acequias no solo canalizan agua, sino también historia, cultura y sostenibilidad. Las acequias canalizan mucho más que agua. Su trazado, aparentemente simple, sigue reglas estrictas, diseñadas para distribuir el recurso en superficies irregulares, sin necesidad de bombeo y aprovechando la pendiente del terreno. A lo largo de la historia, han permitido el cultivo en zonas áridas, el mantenimiento de pastos de altura y la recarga de acuíferos subterráneos. En Sierra Nevada, este sistema aún está activo y su impacto va mucho más allá de la conducción superficial del agua.


Un legado milenario
Durante siglos, las acequias de Sierra Nevada han sido mucho más que simples canales de riego. Estas estructuras, cuyo origen se remonta al Imperio Romano y que fueron ampliadas y perfeccionadas en época andalusí, constituyen un sofisticado sistema de gestión hídrica que distribuye el agua y la infiltra en las zonas altas para que resurja más tarde en cotas inferiores.
Un sistema vivo y esencial
El Parque Natural de Sierra Nevada alberga más de 700 kilómetros de estas acequias, muchas de ellas todavía en funcionamiento. Su labor no se limita a transportar agua para riego: desempeñan un papel fundamental en la recarga de acuíferos, infiltrando el agua del deshielo en las zonas altas para que, meses después, emerja en manantiales y fuentes naturales de los pueblos situados en cotas más bajas. Pero lo que se ha descubierto va aún más lejos: el efecto hidrológico de estas acequias se extiende mucho más allá de sus márgenes inmediatos.
Ciencia y tradición de la mano
Un estudio de la Universidad de Córdoba, a partir de imágenes satelitales tomadas durante 26 años, muestra cómo influye este sistema de acequias en el aumento del contenido de agua en el suelo de Sierra Nevada y en el vigor con el que crece la vegetación. Las acequias de careo de Sierra Nevada son un sistema de siembra y cosecha del agua: permiten la recogida e infiltración del agua del deshielo en las cotas superiores y su florecimiento tiempo después en zonas bajas o en las fuentes naturales de los pueblos de la zona. Para evaluar hasta qué distancia extienden su área de influencia, los investigadores han tomado el vigor de la vegetación como indicador del contenido de agua del suelo en un área de más de 200 metros alrededor de las acequias.
Un patrimonio que sigue dando vida
Este trabajo pone en valor estos sistemas tradicionales de gestión hídrica en zonas remotas, donde la tecnificación es muy compleja, pero que siguen aportando valor a la población y al medio ambiente. Las acequias de Sierra Nevada son un ejemplo vivo de cómo la sabiduría ancestral puede seguir siendo clave para la sostenibilidad y la vida en La Alpujarra.

